Por el Dr. Juan Carlos Inostroza, Académico del Doctorado en Inteligencia Artificial.
El título de esta Carta Encíclica del Papa León XIV ya indica que el tema y eje principal de ella no es la IA, sino la persona humana. La IA aparece como el contexto o ambiente actual (“res novae”) en que la persona humana (todos nosotros) nos hallamos. Para ser aún más precisos, hay que decir que el Papa León XIV se refiere más ampliamente a las tecnologías emergentes (§§ 4; 5 y 90), nombrándolas: las ciencias cognitivas, la nanotecnología, la robótica, la biotecnología, la informática y la energía nuclear. La IA destaca entre esas tecnologías nuevas por dos razones principales: a) es capaz de acelerar y amplificar esas otras tecnologías y b) la gente tiene un acceso fácil y de alto impacto a ella, pero como meros usuarios, sin una capacidad de real de control sobre la IA.
Magnifica Humanitas se inscribe en la línea de las llamadas Encíclicas Sociales que han dado forma a la Doctrina Social de la Iglesia. Su foco principal es la persona humana, es decir, la antropología. El desarrollo de las nuevas tecnologías está permeado por diversas visiones antropológicas, profesadas por muchos centros de investigación tecnológica, entre las que destacan el transhumanismo (la optimización de lo humano hasta la hibridación humano-máquina) y el poshumanismo (la superación y supresión de lo humano). Estas antropologías colisionan con la fe cristiana que entiende al ser humano como persona humana. Dado que Dios es persona, todo ser humano, sin excepción, es también persona, porque ha sido creado a imagen de Dios. La persona no se reduce a datos. A diferencia de aquellas otras antropologías, la persona humana es llamada por la gracia a una trascendencia superior sin dejar de ser humana. La figura de María con su canto El Magnificat, cerrando la Encíclica, muestra a la humanidad perfecta. Entender esto es crucial para comprender la Encíclica entera y, por supuesto, también el capítulo III (§§ 90-130) en que aborda más directamente la IA, aunque la IA está en todo el documento, pues es “el contexto o ambiente en que hoy vivimos”.
Ante el deseo optimización biológica, se propone el reconocimiento de la vulnerabilidad como ámbito de crecimiento y maduración, donde la compasión, la conversión, la misericordia y el perdón son el verdadero camino humano personal y social, civilizatorio. Ante la precarización del trabajo y el descarte de muchos, se propone pensar y trabajar en comunidad con conciencia de responsabilidad compartida. Como iniciativa privada, las tecnologías emergentes, especialmente de la IA, han llevado a una concentración de poder económico y de datos en pocas manos, lo que crea una nueva asimetría (§109), que es epistémica (datos de todos en pocas manos), económica (unos pocos concentran la riqueza) y política (el peso político de las corporaciones tecnológicas globales). De ahí el llamado a desarmar la IA, que no es renunciar a la tecnología, sino sustraerla de los monopolios y sobre todo romper la equivalencia errónea de que quien tiene el poder tecnológico es quien tiene el derecho a gobernar. De igual manera, León XIV condena el uso armamentístico de la IA. La Encíclica llama a construir una civilización que tiene a Dios en el horizonte y pone la primacía de la persona humana en el centro (§16), subrayando la prioridad de lo ético sobre lo técnico, y la precedencia de lo político (Bien Común) sobre lo económico.
Enlace de publicación: https://www.elsur.cl/impresa/2026/06/03/full/cuerpo-principal/11/